miércoles

LA REBOTICA (Relatos costumbristas de la España de los años mil novecientos sesenta) -2-

Recordemos:
..."No creo que a estas alturas, sea desconocida para nadie, la estancia tan traída y llevada, a través del tiempo, y en tanta letra impresa, como es “la rebotica” de las farmacias pueblerinas."..
   Los personajes de las charlas nocturnas de la REBOTICA son:
Don Gervasio, el boticario; 
Don Justo, el médico
Don Jeremías, el cura; 
y Don Plácido, el maestro.
 LA REBOTICA
         (1ª parte de la segunda versión)

  Eran las diez menos diez de la noche, en el reloj del conocido pueblo de Arenas de San Pedro (Ávila). D. Gervasio encorvado por el peso de sus años, lentamente se dispuso a cerrar la puerta metálica de la farmacia; un intruso rapaz se coló por el hueco que D. Gervasio dejó sin cerrar, mientras contaba la recaudación del día, pidió una caja de pastillas balsámicas para la tos, una vez despachado, salió ligero como alma que huye al diablo.
 La Clementa, mujer rústica  que desde hace más de 40 años, está al servicio y cuidado de D. Gervasio, pero que de cultura tiene muy poca dosis le dice que la cena está ya preparada en la mesa; el boticario termina de bajar el cierre de la puerta, y se dispone a pasar a la salita de la “Rebotica” para cenar. En un descuido, el gato, un tanto equilibrista, brinca a la mesa, atraído por el olorcillo de unos sesos rebozados que en un plato estaban, y que el ama tuvo la poca precaución de no tapar. Al salto el animal derribó al suelo el bote de bicarbonato, y una botellita de vino quinado que como reconstituyente estaba preparado por D. Gervasio.
   La criada, muy alarmada pide mil escusas y perdones por lo ocurrido; D. Gervasio tan bondadoso como siempre, no le da ninguna importancia; y tan solo le dice que esto no vuelva a ocurrir. En éste mismo momento toca el timbre, la criada con permiso del boticario, franquea la puerta, entran los tres amigos íntimos y contertulios. El boticario, presuroso, se levanta dispuesto a ofrecerles asiento.
 D. Justo el médico dijo: "pero hombre D. Gervasio; no se deshaga en cumplimientos, que nosotros somos todos de la casa. Qué caramba, no se moleste, continúe cenando, que ya nos proveeremos de asiento."
   La cafetera exprés en ebullición, tan sólo esperaba que la desenchufaran de la corriente  para ser servido el café en finas tazas, con dibujos arabescos y que guardadas en un lujoso estuche, las conservaba D. Gervasio, como recuerdo y regalo del día de su boda que le hizo su hermano D. Abundio canónigo de la catedral de Burgos, y que según le oyó referir varias veces, las compró en un viaje que hizo de placer por todo el Oriente Medio, en un “zoco” de antigüedades de Beirut la capital del Líbano, y que las conservaba en gran estima por su origen oriental.
   D. Plácido el maestro pregunta donde guardaron  la noche anterior el dominó que no aparece por ningún sitio; D. Gervasio prefiere la baraja; y aunque hay diversión de opiniones, prevalece esto último. Terminada la partida de tresillo, ganada por D. Jeremías y D. Justo; se disponen a beber unas copas de “Chartreuse” servidas por D, Gervasio, pues la criada llevaba más de dos horas en posición horizontal y cuyos ronquidos, pese a estar cerrada la puerta de la habitación, oíanse  a la perfección en todos los tonos de la escala musical.
   D. Plácido empezó la charla diciéndome que sin ánimo de ofender, ni criticar a nadie; le extrañaba  mucho que D. Aquilino el veterinario se había comprado un coche “Seat” toda vez que la escasa clientela de Arenas de San Pedro, no respondía a los ingresos anuales que pudieran tener.
 D. Jeremías el cura, más enterado dijo, que el hermano del veterinario, un oficinista de un Banco de Ávila; se lo había prestado para cierto tiempo pues no era para otra cosa, nada más que para presumir  y darse importancia; ya que andaba tras de pretender a una joven ricachona de Arévalo; todo esto, dijo D. Jeremías, se lo digo a ustedes en la más estricta confidencia.
 D. Gervasio contestó: "¡albricias como está la juventud hoy en día! ¿Dónde está el pundonor y el orgullo profesional? ¿De la sencillez  y la discreción que se hicieron?"
 En mis lejanos tiempos mozos, el solo hecho de haber pasado por una Universidad sobraba, y era un mérito más que suficiente para que pesara en la balanza del amor; entonces no había casi  automóviles ¿Pero estaría bien que hubiese rondado la puerta de mi novia, con un coche tirado por dos blancos caballos y enjaezados a la antigua usanza?  No; la jactancia y el orgullo sin fundamento, dijo D. Gervasio, dura lo que una rosa cortada con rocío al amanecer.
 D. Justo el médico por su parte demostró que él era el reverso de la medalla; que se casó por puro amor; me flechó cupido en una humilde pensión de un cuarto de piso en Santiago de Compostela.
-"Oigan ustedes"- 
"No es desconocido para nadie que los estudiantes andáramos siempre faltos de dinero y al dos por tres cambiando de patrona; siempre, claro está, que se beneficiara el bolsillo.Un amigo y compañero, me recomendó y acompañó a dicha pensión, el precio no me pareció mal y acepté, trasladé mis maletas y mis libros de texto, y yo tan satisfecho, porque al mismo tiempo distaba a un paso de la Facultad de Medicina. Mi vida la hacía relativamente metódica y tranquila; mis horas de estudio, después de la comida la consabida charla y partida de dominó con los amigos; y algún domingo que otro, marchábamos de excursión a Pontevedra y nos deleitábamos contemplando la belleza que atesora y encierra Galicia, recorriendo las Rías Bajas desde La Toja hasta Villagarcía de Arosa; regresando a la noche a Santiago de Compostela.

   La dueña de la pensión era viuda y tenía dos hijas, que en unión de la madre llevaban y atendían el negocio; éramos cinco los que estábamos estables. El trato era casi familiar, una familia honradísima, educada, y en extremo correcta. Beatriz que así se llamaba la hija mayor. Era una belleza tan deslumbradora; que parecíase un ángel pintado por Velázquez o Murillo, yo entonces finalizaba la carrera de medicina, había terminado Patología General, y únicamente me quedaba un breve cursillo de prácticas en el Hospital del Niño Jesús en Santiago, ya que mi deseo era especializarme en enfermedades propias de la infancia".
  
                                               (continuará)