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1.- HUMOR : Xaudaró, "el dibujante del perrito"

Estimados seguidores de la Agencia Nuevas Dimensiones y de la Revista Nova Dimensiò de Valencia quiero compartir con vosotros   esta serie de chistes que tanto le gustaban a mi padre. Son chistes del genial dibujante español Joaquín Xaudaró publicados allá por los años 1930 en la revista Blanco y Negro. Mi padre estando en la emigración en Paris,  35 años más tarde los leía y releia. Aún recuerdo con complacencia el esbozo de su sonrrisa en sus labios. Es mi deseo que todos  lectores se deleiten con ellos.
Tan antiguos y tan actuales.
Un abrazo de  Frank de Cuenca

Joaquín Xaudaró (Vigan, Filipinas, 1872- Madrid, 1933), fue durante años el autor del chiste diario de ABC, concretamente desde 1921 hasta momentos antes de su deceso, y el dibujante de aquellos tiempos más estrechamente identificado por los lectores con las publicaciones de Prensa Española. 

A Xaudaró es imposible entenderlo sin tener en cuenta su estancia en Filipinas hasta los once años, donde su padre, ingeniero militar, estaba destinado. Allí fue donde descubrió el virtuosismo técnico de los estampadores japoneses, como Kono Barei o Imao Keinen, y su sentido de lo decorativo en lo tocante tanto al colorido como a la elección del punto de vista, influencia determinante en algunos de las grandes pintores franceses de aquel fin de siglo.
Para cuando la familia se trasladó a España, el joven Joaquín tenía ya decidido que, contraviniendo los deseos de su progenitor, él no seguiría, como sus hermanos, la carrera militar. Queria ser pintor, pero para conseguir algunos ingresos trabajaba como ilustrador para revistas de la época, con las que coqueteó al principio.

Xaudaró fue uno de los pioneros en España tanto de la historieta como de los dibujos animados

Sin embargo, esa actividad que él empezó considerando complementaria acabaría por ocupar todo su tiempo, en la medida en que comenzó a ser muy pronto uno de los creadores gráficos más demandados. De modo que, antes de recalar en «Blanco y Negro», a punto ya de finalizar el siglo XIX, su firma, a veces convertida en O'raduax, ya había estado presente en «Barcelona Cómica», «La Hormiga de Oro», «The Monigoty», «La Saeta» y varias cabeceras más.
 Se le tido de  alinearse  con el gusto francés. Pero igualmente su nombre empezó a asociarse con el de los promotores de una nueva narrativa, la historieta, en cuya gramática secuencial Xaudaró se mostró como un consumado artífice. «Gente Menuda» acogió muchos y buenos de esos relatos. Incluso uno de ellos, «Un viaje al planeta Júpiter» (1907), esta considerado uno de los primeros vestigios de la ciencia ficción española.
Viajó  a París, meta obligada para cualquier dibujante que aspirase a medirse con los mejores del momento, donde permaneció siete años hasta que se produjo el estallido de la Gran Guerra. No le fue nada mal por aquellos pagos. Publicó con varios de los mejores editores (Flammarion, Ollendorf, Mericaut o Garnier), y colocó sus obras en famosas cabeceras galas («Le Rire», «L'Assiette au Beurre», o «Péle-Mêle»).Uno de sus álbumes más celebrados en aquellos días fue «Les péripéties de l'aviation», que respondía a una de sus principales pasiones: la aeronáutica Pero sobre todo se dedicó a derrochar lo que ganaba dándose temporales recreos más propios de un acaudalado personaje que de un «pintamonas».
Incursión en los dibujos animado
De aquellos días data también su primera incursión en los dibujos animados para Gaumont, otro lenguaje que, a su regreso, trataría de introducir en España con «Las aventuras de Jim Trot» (1919), «La fórmula del doctor Nap» (1920), sus colaboraciones en el noticiero Public-cine o «Un discípulo de Caco» (1930), para terminar fundando la SEDA (Sociedad Española de Dibujos Animados) con K-Hito y Got antes de morir. Su corto para esta empresa, «Un drama en la costa», se estrenaría después de su fallecimiento ante la indiferencia de una crítica que consideraba más adecuados para ese medio los dibujos más sintéticos y vanguardistas de Tono, Mihura, Bagaría, Del Arco o Bluff.
Ni tenía perros ni gustaba de ellos, pero introducía al célebre perrito para inducir cierto estado de ánimo en los lectores
Regreso a España y tras  un tiempo en Huesca y en Lérida. Y una brevísima estancia en París, se traslado a Madrid donde se afinco con  la renovación de sus vínculos con ABC y «Blanco y Negro».
El 7 de octubre de 1921 comenzó la publicación de su chiste diario, con el que logró el pleno reconocimiento de los lectores. Sus chistes, a menudo basados en los equívocos de algunas palabras, han envejecido mal y su recurrente misoginia los sitúa dentro del ámbito de la incorrección política. Mientras, sus caracteres son fantásticos.
Él, que no tenía perros ni gustaba de ellos, decidió incorporar un pequeño can en cada una de las viñetas que, con su actitud, introducía al lector en cierto estado de ánimo para examinar la escena. Aquel perro, más aún que su hombre de larga barba negra que él había entrevisto en la localidad asturiana de Luanco, alcanzó una popularidad de la que acabó siendo rehén. Si el perrito no salía en un dibujo, los lectores le escribían preguntando por él; otros querían cruzar su can con el de Xaudaró, dando por hecho que existía en la realidad; algunos, comprárselo… El caso es que acabó etiquetado como «el dibujante del perrito».

El mismo año de su muerte, debida a una bronquitis mal tratada, Prensa Española editó un recopilatorio como homenaje y, todavía en la posguerra, la empresa publicaría algunas antologías.

Fuente:  Felipe Hernández Cava (ABC)



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